TEMA 10. 2.- LA DIMENSIÓN POLÍTICA DEL CONFLICTO

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2.A.- En la España republicana. 

El estallido de la Guerra dejó a ambas zonas en una situación caótica a nivel militar, político, económico, etc. Esta 
situación fue especialmente grave en el territorio leal a la República, donde el Gobierno se encontró con un poder paralelo en los Comités organizados por los partidos y los sindicatos obreros. 

La pérdida del control hizo que se desataran algunas matanzas espontáneas y descontroladas de las que fueron víctimas derechistas, eclesiásticos y terratenientes. Estas disminuyeron a principios de 1937, una vez pasados los primeros meses de la guerra. El episodio más sonado fue el fusilamiento en Paracuellos de presos de Madrid.  

Las primeras medidas políticas fueron por iniciativa de los Comités de los Partidos y Sindicatos obreros. El Gobierno Giral se incautó por decreto de algunas empresas y fueron igualmente inmovilizados los capitales. En el campo también fueron ocupadas las fincas de los propietarios huidos, también fueron incautadas todas las propiedades de la Iglesia. En la zona de Aragón ante el avance anarquista se inició un proceso de colectivización agraria.  

En el verano de 1936 en la España republicana observamos dos tendencias: por un lado, comunistas, socialistas moderados y republicanos partidarios de encauzar la revolución hacia una economía de guerra que permitiera vencer a los sublevados. Por otro lado, anarquistas, trotskistas y socialistas radicales, convencidos de la  necesidad hacer la revolución al mismo tiempo que la guerra. Estas tensiones internas debilitaron la capacidad de reacción de la República.  

Desde agosto del 36, el Gobierno intentó regular las milicias para convertirlas en un ejército popular. En septiembre se formó un nuevo Gobierno de unidad, con socialistas, comunistas, republicanos y nacionalistas, presidido por Largo Caballero. Los enfrentamientos internos entre las fuerzas gubernamentales estallaron en Mayo de 1937, con los enfrentamientos entre socialistas, anarquistas y otras fuerzas sindicales y posterior juicio a drigentes POUM. Ante esto Largo Caballero dimitió. 

El nuevo gobierno estuvo presidido por Juan Negrín, apoyado por el PCE. Se recuperó el control del Estado y se 
restringieron las colectivizaciones. En el frente, las victorias de los rebeldes continuaron. Dentro del gobierno surgieron divisiones entre los que eran partidarios de una negociación, entre ellos el propio Azaña y algunos ministros, y los que, como Negrín, aún seguían pensando que había que llegar hasta el final. Tras la caída de Cataluña Azaña dimitió como Presidente y en Madrid el coronel Casado y otros militares crearon un Consejo de Defensa Nacional para intentar negociar la paz, Franco tenía muy clara ya la victoria y exigió una rendición incondicional. 

2.B.- En la España sublevada 
   
 En el territorio sublevado existían muchas corrientes ideológicas, incluso opuestas, pero, aquí se impuso desde el principio una férrea unidad. Esta fue una de las causas más importantes que determinaron la victoria.  

 En el terreno militar, el fallecimiento de Sanjurjo en accidente de aviación facilitó el tránsito hacia la jefatura única. Desde principios de la guerra funcionaba en Burgos la Junta de Defensa Nacional, presidida por el general Cabanellas. Esta decretó medidas como el restablecimiento de la bandera roja y gualda y la extensión del estado de guerra a todo el territorio. Sin embargo manifestó pronto sus insuficiencias en el terreno político y, sobre todo, en el militar, de tal manera que algunos generales se manifestaron a favor de la jefatura única, que al final recayó sobre el general Franco, que había visto aumentado su prestigio militar tras la operación del traslado del ejército de África, la rápida conquista de Extremadura y el impacto propagandístico de la liberación del Alcázar de Toledo. 
El embrión del nuevo Estado tomó rápidamente un giro antirrepublicano para transformarse en "Alzamiento Nacional" y en "Cruzada" Doc. 14, con lo que se definían dos características fundamentales del Estado franquista: el nacionalismo español y el catolicismo. Con la proclamación de Franco como Jefe del Gobierno, del Estado y Generalísimo de los ejércitos se perfiló el caudillismo como, otro elemento del futuro régimen, al que se llamará después el "Movimiento Nacional". 

A nivel político se produjo la unificación inmediata de todas las fuerzas políticas en abril de 1937 con el Decreto de Unificación Doc. 6 de tradicionalistas carlistas y falangistas (FET de las JONS). Este hecho, favorecido por el fusilamiento de José Antonio, fundador de la Falange, provocó una avalancha de afiliaciones al partido único. También la centralización del poder se organizó en torno al general Franco y del partido único. Con la Ley de Administración Central del Estado, se concedían amplias atribuciones ejecutivas, legislativas y judiciales a Franco. Esta centralización del poder determinó en la España franquista que todos los recursos fueran encaminados a ganar la guerra.  

Cabe destacar el apoyo de la Iglesia Doc. 7 y 20, que apoyó totalmente el golpe llegando a denominar "Cruzada" 
al levantamiento militar y la posterior guerra.  

Paralelamente se inició la represión sobre sectores democráticos y revolucionarios, con dos objetivos: la eliminación del adversario y su paralización por el miedo. El terror se sustanció igualmente en ejecuciones individuales y en matanzas colectivas, como las ocurridas en Badajoz (agosto 36). Conforme fue avanzando la guerra y las zonas eran conquistadas esta represión se fue sistematizando 



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