TEMA 7. PRIMERAS INSURRECCIONES

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El primer proceso de independencia trascurre entre 1810 y 1824 y en el mismo se pueden señalar dos momentos significativos: el primero, 1810 a 1814, se caracteriza por sublevaciones improvisadas y finalmente sofocadas; el segundo, de 1815 a 1824, fue desastroso para los intereses españoles ya que, concluyó con la pérdida para España de todos los territorios americanos, con la excepción de Cuba y de Puerto Rico (además de Filipinas en el Pacífico).  

En el período de 1810 a1814 los principales focos independentistas surgieron en Méjico, Venezuela y Argentina, aprovechando los insurgentes el hecho de que gran parte del territorio peninsular estuviera ocupado por las tropas de Napoleón. Los criollos procuraron dar al movimiento un carácter legal ya que se hacía en nombre de Fernando VII (no olvidemos el contexto de la Guerra de la Independencia española por la ocupación francesa), de cuyos derechos se declaraban garantes, por lo que las Juntas revolucionarias apenas hallaron resistencia. Sólo en Méjico la insurrección tuvo un carácter sangriento con la actuación de Miguel Hidalgo, conocido como ―el cura de Dolores‖. El envío de tropas españolas tras la llegada de Fernando VII al trono paralizó las insurrecciones y todos los focos fueron sofocados, quedando independiente tan sólo ARGENTINA.  

 El segundo periodo independentista (1815-1824) se produjo durante el reinado de Fernando VII y se caracterizó por las campañas a gran escala, en las que destacaron importantes militares que llevaron a cabo una serie de ofensivas victoriosas que en pocos años independizaron a todos los territorios americanos: CHILE fue la primera en declararse independiente por San Martín en 1817; VENEZUELA y NUEVA GRANADA se independizaron tras las victorias de Simón Bolívar en 1821; MÉJICO fue declarado independiente por el  general Agustín Itúrbide en 1821; las victorias de Sucre (1822) aseguraron la liberación de  BOLIVIA y ECUADOR, mientras que Simón Bolívar hacía lo propio con COLOMBIA. La América española quedaría definitivamente configurada en diferentes repúblicas independientes. Ya sólo quedaba como territorios pertenecientes al imperio español en América las islas de Cuba y Puerto Rico, además de las posesiones en el Pacífico. 

Aprovechando la caída en 1868 de Isabel II, un rico hacendado cubano, Manuel de Céspedes, inicia la guerra contra España por la independencia de Cuba en octubre de 1868 (Grito de Yara). Comenzaba así una guerra larga y cruenta (Guerra de los Diez Años o Guerra Larga, 1868-1878), una guerra de desgaste en la que los rebeldes practicaron la táctica de la guerrilla, y que tuvieron a su favor el apoyo de los campesinos y la imposibilidad de España de dedicar de lleno sus energías al problema cubano, inmersa en la III Guerra Carlista (1872-76). Concluida ésta, el gobierno español pudo entonces concentrar sus esfuerzos en Cuba, enviando al general Martínez Campos con más de 100.000 soldados, que bajo la promesa de amnistía, reformas y autonomía, consiguió que terminara la guerra con la Paz de Zanjón (1878). Pero España no cumplió sus promesas. Y tras un nuevo intento frustrado, (Guerra Chiquita, 1879-80), los cubanos se convencieron, de que la única solución era la independencia de España. El líder fue José Martí, poeta, abogado y periodista cubano, exiliado a Estados Unidos y fundador en 1892 del Partido Revolucionario Cubano. 

 En 1879 se produjo un nuevo conato de insurrección contra la presencia de España en la isla, que dio lugar a la llamada Guerra Chiquita. La sublevación de los mambises (nombre con el que se conocía a los insurrectos cubanos) fue derrotada al año siguiente por falta de apoyos, escasez de armamentos y por la superioridad del ejército español. 



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